Viejos amigos


Había pasado mucho desde que se habían visto. Aunque en algún momento eran mejores amigos era imposible ignorar el hueco que dejó. Lo malo del tiempo es que aunque cura las heridas a veces se te olvida porque dejaron de hablarse en primer lugar.

Me había sentido mal una temporada, físicamente no era mi mejor momento, siempre he creído que tiene una raíz emocional las enfermedades y aunque descansar y que te consientan sirve muchísimo al final a ti te corresponde hacer lo pertinente para mejorarte.

Había ido con un doctor que me recomendó hacerme un perfil bioquímico ya que tenía muchos síntomas que no coincidían. Nunca me han gustado los hospitales ni los laboratorios me dan un miedo terrible ya que me ha tocado visitar a mis parientes moribundos ahí aparte ver a toda la gente cansada u observar la tristeza en sus rostros solo me deprime.

 

Le pedí el favor a mi hermano pero tenía examen ese día y no podía faltar, no tuve más opción que a pesar de mi rechazo al laboratorio debía ir sola, debía de vencer mi miedo y toda esa incomodad que ese lugar me generaba.

Llegué con un poco de miedo, la ventaja es que casi no había gente por lo que supuse el trámite estaría mucho más ágil junto con un cálculo en mi mente caí a la conclusión de que no podría tardarme más de media hora.

Me hicieron llenar un cuestionario bastante largo y con preguntas de salud, vida sexual, personal incluido quien soy para crearme un expediente en esa sucursal, terminé de llenarla la señora de la ventanilla me dio un número y me pidió esperar.

Me senté y la ansiedad comenzaba a visitarme, la respiración agitada, un cosquilleo en las manos, un tic del ojo que revivió. Saqué mis audífonos, los conecté a mi celular y escuché música cuando se presenta el caso hay que ser muy cuidadoso porque algunas canciones me alteran más de lo que me ayudan.

En ese momento a lado de mi escucho “¿Yoselin?”

Giré la cabeza para ver quién era y me sorprendí muchísimo al ver que era Santiago.

Santiago estaba casi tan sorprendido como yo se le veía en la cara, comenzamos a hablar y cuando lo hicimos eventualmente empezamos a reír. No sé cómo describir ese sentimiento es como si nos hubiéramos conocido toda la vida y nos dejamos de ver un ratito, se podía sentir esa calidad sensación de cuando alguien te quiere.

Estábamos tan concentrados en la conversación que la enfermera nos mandó a llamar dos veces, ya que estaba en el consultorio me arrepentí de no decirle que me esperara, de verdad quería hablar con él. Con la jeringa me sacaron una muestra de sangre gracias a mi breve introspección no sentí el piquete, le pusieron una etiqueta y me indicaron que en unos tres días tendrían mis resultados.

Cuando salí ahí estaba Santiago todavía, resulta que también quería hablar conmigo lo cual me alegró muchísimo el día, creo que hay personas que están hechas para estar en tu vida aunque no pueda ser todo el tiempo.

Santiago me invitó un café y estuvimos poniéndonos al corriente, reímos, lloramos y quedamos en que nos íbamos a ver frecuentemente, este tipo de personas vale la pena conservar.

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